Extraños sucesos en el corralillo

JOSE ANTONIO RUIZ ARANGO

Las fiestas decembrinas eran algo especialmente difícil de llevar para la doctora Diana Arango, ya que ella, siendo una profesional exitosa y renombrada dentro de la medicina forense, aún no había podido formar una familia “como Dios manda” según la abuela. Primero era la universidad, luego la especialidad y así fue prolongando el tiempo de formar una familia. Y ahora, a sus 35 años, a lo único que podía llamar familia como tal era a su loro, un regalo de su madre.

El sonido del teléfono la despierta, mira su celular, 5 am del 25 de diciembre. Haberse puesto de turno ese día era la excusa perfecta para no asistir a la fiesta de navidad de la familia, le molestaba la preguntadera de las tías, “ ¿cuándo vas a tener hijos? “ Cuándo te vas a casar ¿?“

 - Buenos días doctora, feliz navidad, tenemos un casito.

La voz le era familiar, la Licenciada Corona de la fiscalía de homicidio:

 - Un niño de 7 meses, la policía dice que la mamá lo encontró frío y morado en su cuna. Criminalística ya va en camino, la esperamos, es en El Coralillo de San Miguelito.

 

El Coralillo de San Miguelito era una de las nuevas barriadas de emergencia, sin luz, sin agua, sin esperanzas. Para llegar a ella, había que subir la loma del Cristo. A Diana siempre le había parecido interesante la forma en que el distrito de San Miguelito asemejaba un Belén desde aquella altura. La distribución al azar de las casas, las luces parpadeando, los accidentes geográficos moldeando la urbe. Si así se puede llamar a ese amontonamiento de casas.

Luego de dar vueltas por 15 minutos en El Coralillo, por fin se encuentran con los demás funcionarios. Una muchedumbre apostada en la entrada de la casa fue la pista que indicó el lugar de la tragedia. Al entrar, Diana observa con tristeza la extrema pobreza de la familia, un sólo cuarto. Lo que sería la “cuna” del bebé, no era más que unas mantas puestas en el piso. Se sentía el ambiente pesado dentro de la casa, el sol no entraba aunque ya fuera de mañana. Al terminar la diligencia de levantamiento del cadáver la doctora determina que no hay lesiones externas y que la causa de muerte será dada después de la autopsia. Este tipo de diligencias le dejaban una gran tristeza en su corazón, ya que no solo era un bebé, sino que la fecha, navidad, no ayudaba. Cuando sale, nota que un niño de 7 años aproximadamente, la mira fijamente con ojos llorosos, reconoce que desde que llegó a la escena el niño estaba ahí, era difícil de olvidar ya que tenía un color de ojos precioso, como un “gato persa” diría su abuela. “Ese niño estuvo en el lugar las 4 horas que demoró procesar la escena del crimen” pensó Diana. La curiosidad inundó su mente y se dirigió a hablar con el pequeño espectador de ojos llorosos.

 - Hola pequeño, cómo te llamas?

Con voz entrecortada y sin apartar la vista de la puerta de la casa, por donde en ese momento salía la camilla con una manta cubriendo el pequeño bulto.

 - es mi culpa sabe, por mi culpa pasó esto sabe.

 - A qué te refieres? Respondió Diana a esta extraña declaración

 - Me llamo Emmanuel y es por mi culpa que ese bebé murió, yo y mis ganas de juguetes bonitos. Nunca había tenido algo que abrir en navidad sabe, y hoy, por fin se me hizo el milagro. Viera que juguetes recibí, colores preciosos, no sabía que pudieran existir ese tipo de colores tan vivos. Pero no les cumplí, quiero mucho a mi mamá y a mi hermanita. No podía irme con ellos, se molestaron, dijeron que se vengarían y ahora esto sólo está comenzando.

 

Una semana y cuatro niños del Coralillo después, la conversación con Emmanuel resonaba fuerte en la cabeza de Diana. Las frases, aunque gramaticalmente correctas, no tenían sentido cuando las juntabas “es mi culpa”, “no les cumplí “. Pero estas frases y la vecindad eran lo único que tenían en común estos casos, además de la presencia de Emmanuel en cada una de las escenas diciendo su estribillo “es mi culpa” y la incapacidad de las autopsias para revelar la causa de muerte. Niños menores de un año a los cuales simplemente se les había apagado la vida. Aún con el desconcierto de las muertes del Coralillo, Diana había decidido ir a la fiesta de año nuevo en casa de su prima Gina. Ella no solo lograba reunir a toda la familia, siendo una excelente cocinera, sino que era de las mejores toxicólogas del país. Tal vez Gina podría darle algunas ideas sobre los casos del Coralillo.

 

La casa de Gina tenía un patio enorme y para la ocasión habían puesto sillas y mesas para recibir a una gran cantidad de invitados. Cuando Diana llegó a la fiesta, paso veinte minutos saludando gente hasta que por fin llegó donde estaba Gina, con sus dos niños, en la mesa principal junto a la abuela. Luego de los saludos y la puesta al día en los bochinches de la familia, Diana le menciona que si pueden hablar de algo más serio. Gina manda a los niños a jugar con su abuelo y dice – Soy todo oídos prima, quiero saber todo sobre lo que está pasando en el Coralillo.

 

 - Como sabías que te iba a comentar sobre ese caso?

 - hay no menos de cinco cadenas de mensajes sobre el tema, pero ahora tengo la fuente principal ¡!! , Además ,soy a la que acudes cuando ya no sabes que hacer - remato Gina con una sonora carcajada que despertó a la abuela, que hasta ese momento disfrutaba de una plácida siesta

Quince minutos le tomó a Diana poner a su prima al tanto de todos los detalles del caso, sabía que eso no se debía hacer, pero estaba desesperada, hasta había roto su promesa de no ir a fiestas familiares.

 - Qué te parece?

 - A mí me parece que tienes un patacón y que lo que me acabas de decir da mucho más miedo que las cadenas que están enviando. Eso del niño que se aparece en las escenas del crimen no sale en las cadenas y menos sus frases deprimentes. Ok, tus laboratorios debieron buscar las drogas habituales , intentaré otras cosas , mándame muestras de sangre – respondió Gina

 

Una figura se levantó lentamente del otro lado de la mesa y con voz pausada dijo:

 - Niñas, ustedes están buscando a un duende!

 - Abuela ¡! Los duendes no existen dijeron a coro las primas.

 - Porque ustedes no crean, no significa que no existan – respondió la Abuela Margarita y agregó – eso no va a parar hasta que el duende consiga lo que quiere, a ellos no se les puede engañar, solo el valor puro los vence.

El medio día del 5 de enero había alcanzado a Diana saliendo de la sala de autopsias, 2 niños más del Coralillo habían muerto y ya no se podría mantener el secreto. La policía y el ministerio de salud estaban desconcertados, al igual que Diana, y ella sentía todo el peso de la responsabilidad, sin causa de muerte, los agentes del orden no sabrían por dónde buscar culpables o como explicar lo que estaba pasando. Pero no había tiempo para entrar en pánico, le acababan de informar que había que ir al Coralillo, otro niño, 5 meses. Esta vez, al llegar a la escena Diana buscó al espectador omnisciente y lo encontró, como siempre en primera fila. Lo apartó y le preguntó

 - Qué pasa Emmanuel ¿?

 - Aquí doctora, sabe, ya no me siento culpable, los juguetes resultaron ser horribles. Los colores mareaban, nadie que los viera más de 2 minutos podía contener el vómito. Y sabe, les reclamé, les dije que me habían mentido y que lo que hacían estaba muy mal. Que ellos engañaban a la gente, que por eso no me iba a ir con ellos, por malos, que habían lastimado a muchos niños.

 - Quienes son ellos ¿? Pregunto Diana

 - ADELFRIED, BERGEN , ALARIC unos niños rubios , vestidos de ropas extrañas. Pero ya no molestarán más. Me amenazaron que se iban a llevar a mi hermanita, que ella era la próxima. No lo toleré más, les dije que no les tenía miedo. Les tire sus juguetes y ellos se desvanecieron, los escuché decir que mi falta de miedo los asustaba. Esta es la última vez que ellos se llevan a un niño del Coralillo.

En ese momento suena el celular de Diana, era Gina

 - Prima!, qué harías sin mí ? tengo el veneno, es amiodarona , un medicamento usado para la hipertensión. Pero en niños tan pequeñitos es mortal, jamás lo ibas a detectar en una autopsia, solo un examen muy especial lo detecta. Justo cuando me iba a dar por vencida , hoy se me ocurrió

 - Gracias Prima- , al cerrar la llamada, Diana pudo por primera vez ver sonreír a Emmanuel.

Al tener la causa de muerte pudieron investigar a fondo y se descubrió que todo había sido por un suplemento alimentario adulterado que se les había dado a las mamás por un político sucio buscando votos en el Coralillo. El toxico pasaba a los niños por la leche materna.

 - Doctora! – Era la voz de la Licenciada Corona al teléfono, - los tenemos, el suplemento venía de una bodega en San Miguelito. Todas las muestras tenían amiodarona, lo curioso Dra., era el nombre de la bodega de donde provenían, ” EL RETABLO DE LOS DUENDES”

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now