La Noche es de Los Ña

Christhian Ferrín Alvarez

Fresco mediodía de febrero del 2014, Mary, su perro labrador y yo nos encontramos arribando a Sitio Prado, un pequeño poblado del corregimiento de Tolé, en la Provincia de Chiriquí, donde nos encontraremos con un guía que nos llevara a la cabaña que rentamos en un lugar apartado del Cerro Banco, donde esperamos encontrar algo de tranquilidad y salir del stress de la ciudad.

Llegamos unas horas tarde al lugar donde acordamos encontrarnos con nuestro guía, el cual nos recibió y urgió a comenzar la travesía a pie: Buenas Tardes muchachos! Vamos caminando que nos agarra lo oscuro en el camino luego…

Nos adentrábamos cada vez más en la montaña y el camino era muy dificultoso, pero Jacinto, nuestro guía, era un indígena local y conocía el área a la perfección. Luego de casi 4 horas caminando, llegamos a la cabaña. Era una cabaña de madera, pequeña, en el medio de la selva… Justo lo que habíamos imaginado! Empezamos a desempacar y Jacinto nos dijo que esa noche tendría que quedarse con nosotros, pues en la montaña anochece temprano y era casi un suicidio caminar de noche por los senderos.

Cenamos, conversamos un rato con Jacinto y debido a que Mary y yo estábamos cansadísimos, nos acostamos temprano. A media madrugada despierto con ruidos de Bobby, el perro de mi novia, el cual está muy inquieto, gruñendo y ladrando. Me levanto a ver qué sucede y encuentro a Jacinto parado en la ventana mirando hacia afuera con preocupación… Todo bien? Le pregunto… Y después de un extraño silencio, me asiente con la cabeza y dice que sí, que en la montaña la noche es muy peligrosa, y que por ningún motivo debemos salir una vez que se va la luz del sol. El perro se calmó y regresamos a dormir.

La siguiente mañana al amanecer, Jacinto se despide y nos recuerda que el generador eléctrico es solo para las luces de afuera de la casa, y que no deben estar apagadas de noche, nos repite que por ningún motivo debemos salir de noche y que el perro debe estar con correa o dentro de la casa si queremos regresar con él a la ciudad. Tengan mucho cuidado dijo y se fue.

Mi novia estaba un poco nerviosa, me preguntó que qué eran esos extraños ruidos en la noche y que sentía que algo no estaba bien con ese lugar. La calmé un poco, le dije que estábamos en el medio de la selva y que no había más que animales salvajes en muchos kilómetros a la redonda. Entramos a la cabaña y preparamos algo de comer y terminamos de desempacar. Era un hermoso día soleado y decidimos salir a caminar un poco, tomar fotos, conocer el lugar. Le pusimos la correa al perro y dejamos la cabaña para explorar.

Hipnotizados por la exuberante belleza de los parajes montañosos de ésta parte de la campiña panameña, caminamos casi 3 horas sin darnos cuenta. No queríamos alejarnos más de la cabaña, así que buscamos un lugar para sentarnos a tomar aire antes de regresarnos. Encontramos un sendero que bajada al río y decidimos seguirlo. En el camino había piedras con extraños símbolos pintados en ellas, lo cual nos llamó mucho la atención.

Seguimos avanzando y el perro se puso algo inquieto, de pronto el ambiente se había puesto extraño, se sentía todo como pesado, lúgubre. Visualizamos un lugar para sentarnos y fuimos hacia allá, pero después de un momento, realmente nos sentíamos incomodos, así que decidimos regresarnos. Comenzamos a subir el camino para volver al sendero principal cuando de pronto Bobby empieza a ladrar y se lanza hacia un matorral, Mary tiraba su correa con fuerza para evitar que el perro se lastimara, pues no sabíamos que era lo que había detectado. Me acerco al lugar a ver qué es lo que inquieta tanto al perro y voy sintiendo un olor fétido, a podredumbre, es tan repugnante que casi no me deja respirar, hay muchas moscas y gusanos… Me acerco con cautela y quedo petrificado… CHUCHAMADREEEE hay unos huesos aquí!!! Le grite a Mary… Son huesos humanos… Hay ropa de mujer, una bota con un pedazo de pierna y mucha sangre aun! Estaba petrificado, no podía moverme, simplemente comencé a vomitar y a vomitar, por los nervios me imagino, mientras Mary me gritaba desesperada que nos largáramos de allí.

En shock por el macabro hallazgo, nos apresuramos a irnos, caminábamos rápidamente mientras discutíamos que pudo haberle sucedido. Aquí deben haber animales grandes, regresemos a la cabaña le dije a Mary, cuando de pronto los dos nos miramos a los ojos y miramos nuestro entorno, nos dimos cuenta de que nos habíamos perdido.

La ansiedad comienza a apoderarse, y sin saber qué hacer, sabíamos que si la noche nos encontraba en la montaña, de seguro moriríamos, así que decidimos calmarnos. Regresemos por donde vinimos y tratemos de encontrar algún punto de referencia en el camino. Caminamos como 2 horas más, ya sin energías ni agua, estábamos desmoralizados. De pronto Mary me dice: El árbol de las flores moradas! Tome fotos de ese árbol que esta allá! Así que saco su cámara y comenzamos a buscar la perspectiva en que fue tomada la fotografía, para ubicarnos. Vinimos por el sendero de la derecha! Así que nos apuramos a regresar a la cabaña.

Ya eran casi las 5 de la tarde, el sol estaba bajando y la noche apremiaba. El perro estaba cansado, inquieto, pero decidimos apresurar el paso, pues calculamos que estábamos como a 2 horas de la cabaña.

De pronto comenzamos a escuchar unos golpes a lo lejos. Que carjos es ese ruido? Pregunté en voz alta. Parecían tambores y cada vez se escuchaban más cerca. También se escuchaban como una especie de gritos de euforia, pero era un idioma que no lográbamos entender. El perro estaba ladrando y aunque ya no teníamos fuerzas, decidimos comenzar a correr. Sentíamos la algarabía cada vez más cerca y se escuchaban personas gritando y nos arrojaban piedras y palos. Uno de esos palos golpeo a mi novia en la pierna y se cayó, provocándole una profunda cortada en la pierna. Al caerse, soltó la correa de Bobby, quien se regresó a enfrentar lo que nos amenazaba. Ella gritaba de dolor y para que fuera a buscar a su perro, pero yo estaba preocupado por la herida, y porque se acercaban a nosotros. Logre mirar hacia atrás, y vi a unos 13 hombres, desnudos, con cabello largo hasta la cintura, y tenían rayas blancas en todo el cuerpo, y venían hacia donde nosotros estábamos, así que sin pensarlo, cargue a mi novia dejando al perro atrás. Nos arrojaban palos y piedras y su frenesí parecía ir en aumento. De pronto de detrás de unos árboles, pude visualizar la cabaña, a la cual pudimos entrar. Asegure las puertas y ventas, prende las luces me gritaba Mary, que agonizaba de dolor y lloraba por su perro. Los tambores se sentían muy cerca y se escuchaban piedras y palos caer en el techo y puerta de la cabaña. Corrí a encender el generador de las luces de afuera de la cabaña, se encendieron las luces e instantáneamente todo el ruido se detuvo! Los tambores, los gritos, las piedras y los palos, todo se detuvo!

Me asome a la ventana y no vi nada, así que me concentre en limpiar la herida y parar la hemorragia de la pierna de Mary. Estábamos muy asustados aun, pero del cansancio, nos quedamos dormidos.

De pronto sentimos tres golpes en la puerta y despertamos asustados…. Ya había amanecido. Nos miramos a los ojos y nos quedamos en silencio. Tres golpes más a la puerta… Están bien? Soy Jacinto, el guía. Después de un segundo, corrí a abrir la puerta.

Escuche los tambores anoche, dijo Jacinto, quien se dio cuenta que Mary estaba herida. Mierda! Que les paso?

Entre sollozos, le contamos a Jacinto todo lo que había pasado, a lo que respondió: No eran palos lo que les tiraban, eran lanzas y los estaban tratando de cazar!

Nos contó que desde los tiempos de sus ancestros había una leyenda que contaba sobre los indios Conejo, o Ña, como se le conocía en su dialecto, y que se decía que eran guerreros temerarios que combinaban el chamanismo con magia negra, que eran caníbales que vivían en cuevas y solo salían de noche, pues la luz los cegaba. Jacinto continuo diciéndonos que nadie sabe a ciencia cierta si existían o donde vivían, pero hay relatos de trabajadores que dicen haber escuchado los tambores en las noches de caza, incluso algunos decían haberlos visto en algunas ocasiones, pero nunca nada fue tan concreto como esto…Dijo que hacia una semana se habían perdido 2 extranjeras en uno de los senderos cerca a el área y que lo más seguro era que los restos que vimos eran de ellas. Mary y yo estábamos estupefactos… Mary comenzó a llorar recordando a su perro, en lo que Jacinto nos dijo que tuvimos mucha suerte de salir vivos y que quizás el perro nos salvó la vida.

Nos dijo que era mejor que nos fuéramos y que reportáramos todo a las autoridades y así lo hicimos. Jacinto nos llevó de vuelta a la civilización, y después de agradecerle y despedirnos, se voltio y nos gritó de una forma muy perturbadora: No vuelvan más por estas tierras, se salvaron, pero nunca lo olviden: Aquí las noches son de los Ña!

 

 

Basado en hechos de la vida real.

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